El gran rezago del país en materia de infraestructura vial es algo reconocido no solo por los residentes, sino que además es señalado constantemente por sus visitantes. Gran parte de la justificación de ese rezago recae en la escasez de recursos del país. La asignación de esos escasos recursos debe realizarse fundamentada en criterios técnicos. Siguiendo ese razonamiento, resulta de lo más pertinente la nota del Ing. Mariano Guardia, exministro de Transportes, en Foro de La Nación del 10/08/10, en la cual se cuestiona la decisión de ampliar a 4 carriles el trecho Cañas-Liberia y no el trecho Barranca-Limonal en la ruta Interamericana Norte. Los argumentos del Ing. Guardia son de lo más claros, simplemente se le agregaría el hecho de que intervenir el tramo Barranca-Limonal llevaría necesariamente a solucionar la situación sumamente precaria de tres puentes fundamentales en dicha ruta: el de los ríos Seco, Lagarto y Abangares. Finalmente, y ante el anuncio de que dicha ruta sería dividida por una valla de cemento, me permito recordar a los responsables del diseño de dicha ruta que la misma atraviesa zonas agropecuarias, con un constante cruce de maquinaria y animales, amén del de animales silvestres a los cuales es nuestra obligación proteger.
Gerardo Castro Secades
San José
Hay una desviación del concepto fundamental del Márketing en el sentido de que el consumidor era el rey en un proceso comercial. Hoy en día, aunque las empresas reconocen que el patrocinio de los consumidores es vital para su subsistencia, no siempre su trato refleja esta manera de pensar y actuar.
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sábado, 28 de agosto de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Contratación de Obra Pública - El Caso de Carretera a Caldera
Rodolfo Cerdas Politólogo 08:43 p.m. 21/08/2010
¿Por qué costará tanto que el Gobierno actúe, impidiendo los abusos y revisando sus causas? ¿Será por indiferencia? ¿Pereza burocrática? ¿Evasión de responsabilidades? ¿Complicidad o corrupción? Son tantos los casos, las justificaciones y las mentiras, que es imposible no exigir rectificaciones.
¿Por qué costará tanto que el Gobierno actúe, impidiendo los abusos y revisando sus causas? ¿Será por indiferencia? ¿Pereza burocrática? ¿Evasión de responsabilidades? ¿Complicidad o corrupción? Son tantos los casos, las justificaciones y las mentiras, que es imposible no exigir rectificaciones.
Es tan grave la situación que, sin tintes partidarios, un grupo muy distintiguido de ciudadanos –entre ellos el Ingeniero Rodolfo Méndez Mata y el exdiputado Mario Quirós– ha salido a denunciar hechos de la máxima gravedad, todos ocurridos con motivo de una concesión.
Las cifras son tan altas, que sencillamente no pueden ignorarse más y merecen la atención inmediata de toda persona decente y, en primer lugar, de los medios de prensa. Estos, especialmente los que no se tragan las simplistas e invariablemente justificativas explicaciones oficiales, deberían adentrarse en esos hechos y esclarecer sin vacilaciones el saqueo de las arcas públicas.
Aunque Costa Rica parece ser hoy un país de multimillonarios, sobre todo si atendemos al caso de las explicaciones de algunos alcaldes sobre su riqueza en colones y dólares (expuesto por Greivin Moya en Canal 7), aun así, la denuncia de este grupo de ciudadanos, sobre pagos por concesiones que los especialistas califican como mal hechas, rebasa todos los límites.
La promulgación de la ley de concesiones (en otras circunstancias, conveniente), se ha convertido en una cesión de soberanía y en un sojuzgamiento denigrante a la ciudadanía.
Y pruebas al canto. No actúan como concesionarios, sino como amos del territorio. Tanto así, que costó múltiples humillaciones que se permitiera el paso, sin cobro de peaje, a los bomberos, las ambulancias y las radiopatrullas, aunque no a los policías municipales.
No solo se le entregó al país una carretera mal construida y peligrosa, sino que un día sí y otro también, obligan a los usuarios a devolverse porque el paso está interrumpido. Y, no obstante, ser esto responsabilidad exclusiva de la empresa, sin embargo les imponen pagar otra vez el peaje.
Pero no es solo la carretera a Caldera la defectuosa, sino también la que comunica a Hatillo con Sabana Sur y, lo peor, la que conectará con San Ramón. A pesar de hechos tan obvios, nuestros gobernantes callan, justifican, permiten y hacen la vista gorda. Por ello es hora de exigir una seria investigación legislativa, la revisión de la ley, una amplia auditoría contralora de lo que está pasando y la intervención atenta de la Defensoría de los Habitantes.
¿O es que ya nos domesticaron tanto y nos acostumbramos a la inacabable platina y a las mentiras que la han acompañado, y que en este “siglo XXI cambalache”, el nombre de los espejitos que se cambian por oro es concesiones?
¿Por qué costará tanto que el Gobierno actúe, impidiendo los abusos y revisando sus causas? ¿Será por indiferencia? ¿Pereza burocrática? ¿Evasión de responsabilidades? ¿Complicidad o corrupción? Son tantos los casos, las justificaciones y las mentiras, que es imposible no exigir rectificaciones.
¿Por qué costará tanto que el Gobierno actúe, impidiendo los abusos y revisando sus causas? ¿Será por indiferencia? ¿Pereza burocrática? ¿Evasión de responsabilidades? ¿Complicidad o corrupción? Son tantos los casos, las justificaciones y las mentiras, que es imposible no exigir rectificaciones.
Es tan grave la situación que, sin tintes partidarios, un grupo muy distintiguido de ciudadanos –entre ellos el Ingeniero Rodolfo Méndez Mata y el exdiputado Mario Quirós– ha salido a denunciar hechos de la máxima gravedad, todos ocurridos con motivo de una concesión.
Las cifras son tan altas, que sencillamente no pueden ignorarse más y merecen la atención inmediata de toda persona decente y, en primer lugar, de los medios de prensa. Estos, especialmente los que no se tragan las simplistas e invariablemente justificativas explicaciones oficiales, deberían adentrarse en esos hechos y esclarecer sin vacilaciones el saqueo de las arcas públicas.
Aunque Costa Rica parece ser hoy un país de multimillonarios, sobre todo si atendemos al caso de las explicaciones de algunos alcaldes sobre su riqueza en colones y dólares (expuesto por Greivin Moya en Canal 7), aun así, la denuncia de este grupo de ciudadanos, sobre pagos por concesiones que los especialistas califican como mal hechas, rebasa todos los límites.
La promulgación de la ley de concesiones (en otras circunstancias, conveniente), se ha convertido en una cesión de soberanía y en un sojuzgamiento denigrante a la ciudadanía.
Y pruebas al canto. No actúan como concesionarios, sino como amos del territorio. Tanto así, que costó múltiples humillaciones que se permitiera el paso, sin cobro de peaje, a los bomberos, las ambulancias y las radiopatrullas, aunque no a los policías municipales.
No solo se le entregó al país una carretera mal construida y peligrosa, sino que un día sí y otro también, obligan a los usuarios a devolverse porque el paso está interrumpido. Y, no obstante, ser esto responsabilidad exclusiva de la empresa, sin embargo les imponen pagar otra vez el peaje.
Pero no es solo la carretera a Caldera la defectuosa, sino también la que comunica a Hatillo con Sabana Sur y, lo peor, la que conectará con San Ramón. A pesar de hechos tan obvios, nuestros gobernantes callan, justifican, permiten y hacen la vista gorda. Por ello es hora de exigir una seria investigación legislativa, la revisión de la ley, una amplia auditoría contralora de lo que está pasando y la intervención atenta de la Defensoría de los Habitantes.
¿O es que ya nos domesticaron tanto y nos acostumbramos a la inacabable platina y a las mentiras que la han acompañado, y que en este “siglo XXI cambalache”, el nombre de los espejitos que se cambian por oro es concesiones?
jueves, 5 de agosto de 2010
Reacción de las Líneas Aéres Establecidas, ante el “Low Cost”.
Por Guillermo Aguilar
La gobalización ha producido la fusión entre grandes empresas, que forman entes económicos mayores, que a veces están en contrapunto del placer de volar y en contra de los mandamientos y reglas del marketing del Siglo XX (El marketing del siglo XXI, por su inestabilidad, está todavía por definir).
En definitiva, la prestación de servicios, se ha visto afectada por otros conceptos que estas grandes corporaciones han visto más importantes, en detrimento de los servicios que paga y espera recibir el consumidor.
Esto se acusa más, en el caso de las líneas aéreas, por las campañas necesarias de seguridad en los aeropuertos, que venimos viviendo desde hace algo más de una década.
Ante esta situación, nacen las empresas de vuelos Low Cost, que degradan en cierta medida el “glamour” del servicio de volar al destino, pero sí que mantienen perfectamente su propuesta de venta, bastante precisa.
Que más da, si todos sabemos que volar hoy día, es algo mas parecido a ir en guagua o autobús, que en algo glamoroso.
Por otro lado, las grandes compañías aéreas, que han sido más tolerantes, ante los 5 Kilogramos de exceso de equipaje, elección (relativa) de asiento y todo mas cómodo, de pronto se ven influenciadas por estas líneas aéreas de “Low Cost”, que tienen un modelo de negocio, muy distinto.
Esta adaptación de las grandes compañías aéreas, al Low Cost, se ha convertido en un caos, que he vivido hoy y que voy a explicar aparte, con el ánimo de separar los temas. Merece la pena experimentarlo, para corroborar la torpeza del grande y poderoso, que convierte la experiencia en una gran torpeza.
La conclusión de este comentario, es que, si el objetivo de una empresa, NO es satisfacer las necesidades de su consumidor, siempre debería ser primordial, que se exponga lo que uno tiene que esperar ante un servicio, de forma clara y pormenorizada. En líneas aéreas, que el personal de tierra, tenga una actuación coherente y firme, ante la oferta expuesta, “sin creatividades para quedar bien con la empresa”, en detrimento del consumidor.
El consumidor, debe esperar perfectamente lo que va a recibir, sin sorpresas.
Luego les expongo, algo vivido en la maravillosa Terminal IV de IBERIA de Madrid, por personal, mal dirigido, adaptando a lo anterior, o talvez, mal dirigido, o puede que haya sido algo propio de esta persona, no lo se, pero no debería suceder a nadie!
La gobalización ha producido la fusión entre grandes empresas, que forman entes económicos mayores, que a veces están en contrapunto del placer de volar y en contra de los mandamientos y reglas del marketing del Siglo XX (El marketing del siglo XXI, por su inestabilidad, está todavía por definir).
En definitiva, la prestación de servicios, se ha visto afectada por otros conceptos que estas grandes corporaciones han visto más importantes, en detrimento de los servicios que paga y espera recibir el consumidor.
Esto se acusa más, en el caso de las líneas aéreas, por las campañas necesarias de seguridad en los aeropuertos, que venimos viviendo desde hace algo más de una década.
Ante esta situación, nacen las empresas de vuelos Low Cost, que degradan en cierta medida el “glamour” del servicio de volar al destino, pero sí que mantienen perfectamente su propuesta de venta, bastante precisa.
Que más da, si todos sabemos que volar hoy día, es algo mas parecido a ir en guagua o autobús, que en algo glamoroso.
Por otro lado, las grandes compañías aéreas, que han sido más tolerantes, ante los 5 Kilogramos de exceso de equipaje, elección (relativa) de asiento y todo mas cómodo, de pronto se ven influenciadas por estas líneas aéreas de “Low Cost”, que tienen un modelo de negocio, muy distinto.
Esta adaptación de las grandes compañías aéreas, al Low Cost, se ha convertido en un caos, que he vivido hoy y que voy a explicar aparte, con el ánimo de separar los temas. Merece la pena experimentarlo, para corroborar la torpeza del grande y poderoso, que convierte la experiencia en una gran torpeza.
La conclusión de este comentario, es que, si el objetivo de una empresa, NO es satisfacer las necesidades de su consumidor, siempre debería ser primordial, que se exponga lo que uno tiene que esperar ante un servicio, de forma clara y pormenorizada. En líneas aéreas, que el personal de tierra, tenga una actuación coherente y firme, ante la oferta expuesta, “sin creatividades para quedar bien con la empresa”, en detrimento del consumidor.
El consumidor, debe esperar perfectamente lo que va a recibir, sin sorpresas.
Luego les expongo, algo vivido en la maravillosa Terminal IV de IBERIA de Madrid, por personal, mal dirigido, adaptando a lo anterior, o talvez, mal dirigido, o puede que haya sido algo propio de esta persona, no lo se, pero no debería suceder a nadie!
